Escribí este microrelato hace poco tiempo, para un concurso. He descubierto que esta historia suscita algo parecido al amor/odio en las personas que la han leído, puede gustar mucho su estilo recargado y barroco, o no gustar tanto debido a lo mismo. Veremos que os parece ^^
Las oscuras siluetas me observan con ojos recelosos.
Yo, indefensa, intento escapar, pero estas se van agolpando a mi alrededor, cerrandome el paso, impidiendo mi huída hacia las puertas del paraíso. Y me atrapan. Me debato entre la cantidad de manos que me agarran, que desgarran mis vestimentas... que me arrastran hacia las profundidades mientras comienzo a notar el ardiente calor del mismísimo fuego del infierno.
Despierto. Me froto los ojos intentando distinguir algo entre la espesa oscuridad que me rodea, algo que me ayude a descubrir que debo hacer, que hago en un lugar como este.
Pero empiezan las visiones de los recuerdos olvidados, y los fantasmas del pasado se convierten en espectros del presente que me torturan enfrascando mi mente en un bucle de sentimientos agridulces. Ahora... lo recuerdo todo. Esta es mi historia.
Los días pasaban lentos, dejando cada uno de ellos una huella indeleble en mi razón... Y en mi piel. El reloj de la clase martilleaba en mis oídos con cada paso del segundero, cada instante en el que deseaba fervientemente que el tiempo se detuviera, que el timbre no sonara.
Por desgracia esto nunca ocurrió. Las horas pasaban raudas y se acercaba el momento que causaba mi terror. El doloroso aullido de la campana del final me confirmó que ya no había escapatoria.
Salí al aparcamiento temblorosa, ocultando las marcadas ojeras con una cortina de largo y liso pelo azabache, casi corriendo hacia un desesperado atisbo de ínfima esperanza. Pero llegaron...como todos los días. Comenzaron a golpear cada centímetro de mi cuerpo mientras sus despectivas risas y sus insultos apagaban mi llanto, y sus móviles grababan la que me pareció otra interminable marea de confusión y dolor.
Después de escupirme y tirarme la mochila a la basura se fueron, dejandome tendida sobre el frío asfalto. Entonces algo estalló en mi interior, un sentimiento indescriptible que me hizo tomar por fin una decisión: "Nunca más... No volverá a pasar...".
Al día siguiente preparé todo lo necesario y me dirigí al instituto, pero esta vez mi pelo se encontraba recogido en una firme cola de caballo. La determinación que mostraba mi cara disimulaba las ojeras, la rabia me dio una seguridad en mi misma y un aire de superioridad totalmente inusitados en mí, y los golpes, imposibles de tapar, atraían la mirada de las personas con la que me topaba.
Me metí en el baño y saqué un bote de spray, con el que escribí en el espejo en grandes letras rojas: "La injusticia arderá en un lugar al que irá acompañada por vosotros y por mí".
Poco después caían de mis manos la Magnum ya descargada de mi padre, mientras el bate de béisbol ya astillado por los golpes reposaba sobre un pequeño charco rojo.
Ausente, subí a la azotea y me sentí libre mientras el viento agitaba mi cabello y cerraba los ojos antes del impacto...
Las oscuras siluetas me miran con ojos recelosos, yo sonrió y les doy la mano. Y estas me sueltan, dejan libres mis vestimentas mientras nos dirigimos hacia el cálido lugar que yo misma elegí, al eterno hogar en el que morará mi Alma. Para siempre.

Te felicito Irene, está bastante bien este microrelato, usas un vocabulario digno y tu relato tiene sentido propio. Está muy bien, saludos :P
ResponderEliminarMuchas gracias Tino, me alegra que te haya gustado =)
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